miércoles, 3 de febrero de 2010

214

De pequeño me aventaron a un rosal, caí de espalda y los pétalos no amortiguaron nada, las espinas fueron las que detuvieron mi caída pero se incrustaron en mi espalda, después de quitarlas una por una, las guarde en un frasco para acordarme del dolor de vez en cuando, pero ese frasco se me perdió y cuando hace poco me encontré con un rosal, me aventé solo por diversión.

3 comentarios:

nebraska dijo...

tal vez no eran las espinas, las culpables del dolor..
o esta vez aun por diversión, fue tan dolorosa como la anterior?¿
o mejor aun...
fue recordar aquel dolor, lo que le ubica en la categoria de diversión?¿

Anónimo dijo...

Lo bueno que logro levantarse después... muchos con el dolor sucumben... si las caídas fueran suaves no apreciaríamos los fracasos

Anónimo dijo...

Parecido al dicho: "Un pueblo sin memoria está condenado a cometer por siempre los mismos errores"